LA GALIA

En los álbumes de Asterix podemos encontrarnos siempre al principio con un mapa de la Galia donde nos señala donde está ubicada la aldea de nuestros amigos los irreductibles galos. En el mapa podemos ver los nombres de las diferentes regiones de la Galia, y vemos que en un enclave de la actual Breizh (Bretaña) está la aldea de Asterix rodeada de campamentos romanos. Antiguamente, esa porción de tierra que habitan hoy los bretones se llamaba Armórica, nombre que viene de la palabra en lengua celta de los galos Ar Muir (al lado del mar), y Are-Morici (los que moran al lado del mar). A continuación explicaremos un poco la tierra de los galos y a los galos en sí. Y por cierto, Asterix y Obelix eran coriosolites. La Galia era un vasto territorio habitada por numerosas naciones que a menudo se hacian la guerra entre sí, como cualquier civilización de la antiguedad. El amplio territorio estaba habitado por tres grandes grupos de distinto signo, es decir, los aquitanos, los belgas y los celtas, quienes tenían el territorio más amplio. En el suroeste de la Galia, entre el Garunna (Garona) y los Pirineos estaban los aquitanos, (un pueblo aborigen al parecer hermanado con los vascones del otro lado de la cordillera pirenaica) que si bien habían recibido influencias de los celtas, no fueron absorbidos por estos, puesto que conservaron su idioma y su identidad. Al norte del Sequana (el Sena) vivían las naciones belgas, a quienes César catalogó de más valientes de entre todos los galos. Eran celtas pero con una gran influencia germánica. Estaban curtidos en batalla debido a sus continuas guerras con sus vecinos, los germanos. En la Galia central vivían los galos, los celtas.

Las Galias

Como hemos dicho, en el centro de la Galia vivían los galos propiamente dichos, los celtas, quienes eran gente de tez clara y con largos cabellos que acostumbraban a llevarlos sueltos o bien anudado en trenzas, era comun que se dejasen largo el bigote, de tal modo que les tapase la boca aunque muchos la acompañaban con una corta barba. Los galos eran valientes en el combate, trabajadores, supersticiosos y muy religiosos. Temían ante todo una cosa, que el cielo se les viniera abajo. Los bravos guerreros eran recompensados con la mejor porción de carne. Tenían gran sentido de la hospitalidad y jamás preguntaban a los extraños que invitaban a sus mesas por su nombre o procedencía hasta que la comida hubiese concluido. Los galos eran pendencieros y se lanzaban continuamente desafios para entablar lucha pues no tenían miedo a la muerte, debido a la creencia de que sus almas son inmortales. No practicaban la escritura y es por eso por lo que destacaban en el arte de la oratoria, y en la poesía y música, adiestrados por los bardos, quienes les enseñaban la historia de los antepasados y los mitos célticos. Los galos se vestían con sayo y se dejaban crecer el cabello, se vestían con pantalones bombachos y blusas con manga. Tejían los sayos con una lana especial. En cuestión a armamento, utilizaban espada larga, un escudo oblongo de grandes dimensiones, largas picas y una espécie de jabalina llamada madari. Se cubrían de oro y se adornaban con torques. Eran de palabra breve y enigmática. Los galos se agrupaban en clanes que buscaban la protección de algún noble. Los grupos de clanes formaban las tribus. Esas tribus eran regidas por magistrados anuales elegidos entre los nobles. Los nobles basaban su poder en la fuerza de las armas y en el número de clientes que conseguían reunir a su alrededor y que, dado el caso, les apoyaban con sus armas. Se hallaban en lucha con otros nobles por la supremacía, los distintos clanes se hacían la guerra entre sí, y en mayor grado, lo mismo hacían las tribus. Existían entre los galos tres clases bien diferenciadas entre sí; Los druidas, los nobles y el pueblo. Las gentes del pueblo no tenían derecho a ser consultados ni a tomar parte en las asambleas. Los nobles toman parte en la guerra y según su nacimiento y su fortuna, tenían en torno suyo un número menor o mayor de ambactos y de clientes.

Noble Celta

Los druidas eran la otra clase social de los galos, una clase sagrada que requería años de estudio intenso para poder formar parte de ella. Ellos se encargaban de la educación de los jóvenes y todos les tenían un profundo respeto. Se les consideraba los más justos entre los hombres y por ello se les confíaba los juicios. Se dedicaban a los oficios divinos, hacían sacrificios humanos y practicaban las ciencias de la naturaleza, se consagraban a la parte moral de la filosofía. Los druidas estaban exentos de las guerras y podían detener un combate pasando la línea de batalla si lo deseaban. Eran venerados por todos los galos y también era el vínculo que mantenía unidos a los galos; la religión. El máximo dogma de los druidas era la inmortalidad del alma. Afirmaban que las almas y el universo son indestructibles, pero que un día el fuego y las aguas prevalecerán sobre ellos. Tenían como árbol sagrado el roble, y en él buscaban el muérdago sagrado. Elegían bosques de robles para llevar a cabo sus ritos sagrados. Consideraban sagrado todo lo que crecía en el roble y creían que era signo de que el árbol ha sido elegido por la propia divinidad. Rara vez se encontraba el muérdago pero cuando así era se recogía con una gran solemnidad, especialmente el sexto día de la luna (que para ellos constituía el inicio de los meses y el año) y después del trigésimo año del siglo, pues es entonces cuando crece en todo su esplendor. Para esta ocasión organizan un banquete bajo el árbol y traen dos toros blancos cuyos cuernos han sido atados por primera vez para esta ocasión. Un sacerdote vestido con ropas blancas sube al árbol y corta el muérdago con una hoz de oro, recogiéndolo en su sayo blanco. A continuación inmolan a las víctimas. Creían que el muérdago mezclado con una bebida da la fertilidad a cualquier animal estéril y que es un antídoto para los venenos. Los druidas tenían un druida supremo, un archidruida a quien todos los demás obedecían. En la Galia, los druidas, solían reunirse anualmente en cierto lugar sagrado del país de los carnutes, bien pudiera ser un bosque sagrado en el emplazamiento donde hoy se encuentra la catedral de Chartres. Se cree que donde hoy está el altar era donde antiguamente los druidas hacían sus ofrendas y sacrificios, es decir, el santuario druídico por antonomasia en la Galia. Conocían la escritura oghámica. Muchos también eran versados en la lengua y escrituras griega y latina. Muchos de ellos fueron preceptores de romanos.

AinvarEurgain

Así eran los galos, habílisimos en toda clase de elaboración de los metales, verdaderos maestros del cuidadoso trabajo con el oro. Forjaban armas de excepcional calidad, entre las cuales destacamos las largas espadas celtas, los escudos, la cota de mallas, los yelmos...eran excelentes forjadores. Hacia el norte, y en la costa Atlántica construían naves que servían para enfrentarse con las grandes olas del oceano. La propia agricultura gala estaba más avanzada que la romana, y aquí debemos de señalar que contrariamente a lo que se cree, los galos fueron copiados en armamento por los romanos y no a la inversa. Los galos eran un pueblo numeroso, vivían en un país rico tanto en bosques para la caza y recolección, y en llanuras, aptas para los cultivos más rentables. También tenían abundantes minas de hierro y oro. Sin embargo, hay una cosa que resultó ser fatal para los galos; su desunión. Como hemos apuntado antes, la única cosa que unía a los galos fuertemente era la religión, pero ni siquiera ese vínculo fue lo suficientemente fuerte para unirlos, y era frecuente las continuas guerras entre diferentes naciones celtas de la Galia. Sus vecinos del otro lado del Rhin, los germanos, sabían de esta debilidad y no podían dejar de pensar en como podían aprovecharse de la desunión de sus vecinos. Ya, a finales del siglo II A.C, cimbrios y teutones, que eran pueblos germanos, hicieron correrías y devastaron parte del territorio galo. Hacia el año 72 A.C, Ariovisto, rey de los suevos, venció a los celtas galos en la batalla de Admagetobriga y ya para entonces estaba en la mente del cabecilla germano una invasión al territorio celta. La chispa fue de nuevo la desunión de los galos, que no supieron ver las intenciones del germano. Los arvernos y secuanos, ambos pueblos celtas de la Galia, fueron a pedir ayuda a los germanos de Ariovisto para su lucha particular contra los eduos, otro pueblo celta. Al verse perdidos, los eduos recurrieron a otro aliado distinto: ROMA

Y Roma acudió en ayuda del pueblo eduo. Sin embargo, el destino de la Galia estaba sentenciado. Serían invadidos, sí, pero no por los germanos, sino por aquellos qué acudieron como amigos. El hombre que tan hábilmente entró en esta contienda se llamaba...Cayo Julio César.

Y con él en escena dio comienzo la cruenta y larga guerra de las Galias.

La Galia estuvo habitada por aquitanos, belgas y principalmente, por los celtas.

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